
Hay eventos que no se cocinan: se diseñan. Y cuando el invitado de honor es un Ferrari exhibido en lo alto de una torre todavía en obra, entre grúas y concreto a la vista, la comida no puede ser un acompañante. Tiene que estar a la misma altura. Literalmente.
El 27 de mayo de 2026, Ferrari Caracas presentó el nuevo Ferrari Amalfi —y su versión descapotable, el Amalfi Spider— en la Torre Sky Park de Las Mercedes. El concepto fue tan audaz como el carro: nada de salón alfombrado, sino un montaje urbano e industrial, con el vehículo expuesto en las alturas, rodeado de los elementos de una construcción en marcha.
Lo primero que hicimos no fue abrir el recetario, sino leer el espacio. Un Ferrari es la cúspide de la artesanía italiana: un Gran Turismo sucesor del Roma, con un V8 biturbo de 3.9 litros y 640 caballos, capaz de ir de 0 a 100 en 3,3 segundos. Y estaba ahí, impecable, rodeado de grúas y concreto crudo. Ese contraste se convirtió en nuestra brújula: el menú no podía pelear con el montaje ni suavizarlo, tenía que habitarlo.
Ferrari no bautizó este modelo “Amalfi” por casualidad: evoca la Costiera Amalfitana, el azul del Tirreno, los limones de Sorrento, el aceite de oliva, el pescado fresco. Es una cocina luminosa y mediterránea, donde tres ingredientes perfectos valen más que quince mediocres. Así que la propuesta se movió en esa tensión deliciosa: la calidez del sur de Italia servida sobre la frialdad del concreto.
Pensamos en pasapalos que se comieran en un solo movimiento, sin obligar al invitado a soltar la copa ni a despegar la vista del carro. Pensamos en estaciones ubicadas como hitos en el recorrido. Y pensamos en el color con criterio: el rojo Ferrari es sagrado, así que lo dejamos brillar en el auto y lo insinuamos apenas en el plato —un tomate confitado, la pulpa de una fresa, la intensidad de un carpaccio— en lugar de saturar la mesa.
En más de quince años organizando cientos de eventos al año en todo el país —desde celebraciones íntimas hasta producciones de más de mil invitados— aprendimos algo que no aparece en ningún menú: un evento de lujo se gana en la logística invisible. Servir en altura, con accesos de obra y tiempos milimétricos, obliga a coreografiar el servicio como una carrera: cada mesonero conoce su vuelta, cada estación tiene su pit stop. Hay un instante exacto en que el Amalfi se roba la noche, y la comida no compite con ese momento: lo prepara y lo prolonga.
Una noche como la del Amalfi en Sky Park demuestra algo que defendemos desde hace más de quince años: que en Caracas sí se hacen eventos de talla mundial, y que la gastronomía es parte del lujo, no un trámite. Cuando una marca como Ferrari elige esta ciudad para presentar lo mejor de su catálogo, la mesa tiene que estar a esa altura. Y nosotros vivimos para eso: para que cuando se hable del evento, no solo se recuerde el carro.